Esta exposición reflejará, a modo de homenaje a Hopper, cómo la pintura de Francisco Solana, basado en la suave plasmación de la luz a través de los acrílicos, logra una amplia gama cromática y un gran detalle rozando el hiperrealismo.
Francisco empezó a pintar en 1986 encontrando en el mar y los barcos deportivos el principal tema para su inspiración. Una trayectoria que llevó al limite al viajar al Polo Sur y captar las variaciones de la luz sobre el blanco del hielo del antártico de ahí que su pintura nos permita recuperar colores que solo vivieron un instante, colores que apenas fueron un destello y que Solana logra atrapar con maestría.